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viernes, 19 de agosto de 2011

Living el SUD

Nos habían avisado. Éramos conscientes de que esto iba a suceder. Sabíamos que todo iba a ser distinto. Ahora podemos decirlo: estamos viviendo el SUD.

En cualquier experiencia de cooperación existe un periodo de adaptación. En ciertos casos este periodo se alarga más de lo esperado. En otros apenas lo notas. Pero siempre hay un punto de inflexión que te hace darte cuenta de que todo lo que estás viviendo es real, de que cada minuto cuenta y de que lo que estás viviendo es impagable.

Llevamos días sintiéndonos lempitas. Nuestros proyectos en la microfinanciera El Roble y en la iniciativa Juventud Rural están empezando a tomar forma. A base de insistir y del esfuerzo constante parece que arrancaremos un poco de iniciativa en estas cooperativas. Gota a gota, sin presionar, pero siempre adelante. Le hemos encontrado el truco a la ducha a cazos, e incluso Marta ha reparado en el ahorro de agua que esto supone. Hemos cabalgado en caballos sin silla de montar. Comemos tamal para desayunar como si de nuestro bol con cereales se tratara y nos hemos hecho fans de la anona rosada. Pero sentirse lempitas no es aún vivir el SUD.

Quizás hemos empezado a vivir un poco el SUD cuando hemos empezado a comprender la dureza de realidad de este país. Cuando hemos comprendido que encontrar tres cadáveres en San Nicolás (en la misma carretera por la que cada mañana pasamos), es algo a lo que están acostumbrados. Cuando hemos escuchado tantas historias de la guerra ocurridas apenas 20 años atrás, vividas por todos aquellos que nos las explican, que sentimos el sufrimiento pasado. Cuando vives bajo ciertas condiciones, y sabes que aunque para ti sea temporal, es todo lo que ellos conocen. Quizás hemos empezado a vivir un poco el SUD cuando hemos empezado a comprender el espíritu de este país. Cuando los niños hacen un cometa con dos palos y una bolsa y se pasan la tarde jugando. Cuando una sonrisa sabes que es de felicidad verdadera. Cuando agradeces estar donde estás y poder vivir todo lo que estás viviendo.

Pero me he dado cuenta que vivir el SUD significa mucho más. Es extraño intentarlo plasmar en palabras, pero ayer por la noche, mientras mirábamos las estrellas desde el tejado de casa me di cuenta. Somos una mota de polvo dentro del universo. Aquello que nos diferencia del resto de motas de polvo son nuestras experiencias. Nuestro día a día y aquello que nos rodea es lo que nos hace ser quienes somos. El SUD nos permite reflexionar en cada instante sobre lo que nos ha llevado a ser quienes somos. Permite ser parte de otro mundo que apenas podíamos imaginar tan complejo. No es solo la cultura que nos rodea, son las historias de las personas con las que vivimos. Aprender a verlo todo desde otro angulo te da una perspectiva que espero saber aprovechar al volver a casa.

Y aunque seguimos viviendo momentos sorprendentes, espero poder captar la esencia de cada instante para seguir viviendo el SUD.

Un abrazo desde Papiol remoto!

viernes, 29 de julio de 2011

¿Pero no es Claudia?

En ocasiones te encuentras con personas con las que no puedes evitar encariñarte. Después de una primera semana en viviendo en casa de Carlos y desayunar cada mañana con la pequeña de la casa, ha sido inevitable tomarle un cariño especial a Claudia.

Claudia es una pequeña de ojos alegres. Por la mañana es la primera en empezar a desayunar y la última en terminar. Abrazada a su peluche, sentada en la mesa, cada noche mientras nos quedamos haciendo sobremesa, se nos queda observando con mirada curiosa, y nos sonríe al mirarla. Mata chicotes para evitar que Marta grite. Se queda a mi lado observando las estrellas por la noche y nos espera para abrir la puerta cada atardecer.

Esta segunda semana su timidez ha ido desapareciendo. Quizás gracias a la magdalena del Wall-Mart o a los caramelos que le trajimos el fin de semana. Quizás por nuestra insistencia a que nos cuente cosas. Nos explica los cuentos que debe leerse para exámenes de lengua, nos enseña los exámenes que le hace a su niñera (la adorable Chave, que es como la abuelita de la casa), y hasta se aprende el baile de Danza Kuduro de English Summer. Nos queda Claudia para rato, y nos encanta! Nos obliga a estar atentas cuando nos habla con su acento salvadoreño cerrado y reír en todo momento. La echaremos tanto de menos cuando volvamos a casa...

Por cierto, nuestra pequeña Claudia ha resultado no llamarse Claudia. Y es que le preguntaba a su padre porque las chicas de Barcelona la llamaban Claudia, si se llama Ceci. Y es que las chicas de Barcelona son un desastre con esto de que cada uno tenga dos nombres, y teniendo en cuenta que la hermana mayor se llama Claudia Abigail, rebautizamos a la pequeña como Claudia sin consentimiento del obispado. ¡Pero tiene cara de Claudia! Aunque nos estamos esforzando con lo de llamarla Ceci.

Última noche en la Sabana. Mañana por la noche empezamos vacaciones: destino Utila. Bucear, fiesta, encontrarnos en Guatemala con nuestros compañeros... Conclusión: desaparecer del mundo hasta el 10 de Agosto. Objetivo: volver con mil historias para contaros.

Un abrazo a todos desde Papiol remoto, nuevo destino Papiol ilocalizable.

miércoles, 27 de julio de 2011

Somos 'lempitas'

Hace tres semanas ninguno de vosotros se creía que Marta y yo fuéramos a ser capaces de sobrevivir en estas condiciones. Si en 'betfair' hubiesen publicado una apuesta sobre nuestra supervivencia en el Bajo Lempa, todos hubieseis apostado por nuestra rendición. ¡Pero lo hemos logrado! Dos semanas y media después podemos decirlo: somos lempitas. Después de esto, participar en Supervivientes sería como jugar al parchís para nosotras.

¿Cómo hemos determinado nuestra condición de 'lempitas'? Sencillo. Cuando hemos aprendido a ducharnos con cazos de agua de la lluvia cada noche, rodeadas por cucarachas. Porque el secreto está en cerrar los ojos y no ver que están allí (Moti no acaba de ver claro el truco). Cuando hemos aprendido a levantarnos a las 6h30 cada mañana sin rechistar pese a ser de tardes y estar acostumbradas a que nuestro despertador suene a partir de las 10am. Cuando hemos aprendido a cenar bebiendo jugo o limonada, pese a los dos kilos de azúcar moreno que le da un tono sospechosamente marrón. Cuando hemos aprendido a dormir con mosquitera sin levantarnos por la mañana enredadas como si de una telaraña se tratara (estoy acabando de dominar la técnica, un par de noches más y problema solucionado). Cuando hemos aprendido que atropellar perros por la carretera es un hobby nacional (pero es que estos perros están atontados y no se apartan). Cuando hemos decidido que no nos iremos de aquí sin probar la sopa de garrobo. Y sobretodo, cuando hemos comprendido que te puedes levantar con un día soleado, que por la tarde se te caiga el cielo encima en un concurso de truenos gentileza de la tormenta tropical y que esa misma noche buscar las siete obejitas entre las estrellas del cielo.

Nuestra condición de lempitas es definitiva. A nuestro alrededor no paran de suceder cosas que hace dos semanas os explicábamos medio aterrorizadas medio sorprendidas. Ahora se han convertido en nuestro día a día.

Aunque nuestro día a día sigue dejándonos perlitas que nos hacen reír a carcajadas al recordarlas. Sin ir más lejos, ayer por la noche realizamos nuestra primera compra que bautizaremos como 'mercado-auto'. Desde el coche, Carlos compró un saco de alimento de vaca en el supermercado de la carretera. En el momento de dejarlo en la parte trasera del coche, Moti estuvo a punto de protagonizar 'el momento en que una niña fue aplastada por un saco', pero un grito de último momento avisando de su presencia la salvó de acabar cubierta de comida para vaca lechera. Hubiese sido un momentazo, pero para eso existe la imaginación.

Somos lempitas. Y estamos orgullosas de ello. Quizás no acabemos adoptando un sapo, pero está claro que nuestro proceso de adaptación se ha completado satisfactoriamente.

Un besazo enorme desde Papiol muy muy remoto.

jueves, 21 de julio de 2011

Desayunando con Yoyo

Comprobado: una prolongada exposición al Bajo Lempa provoca estado de locura, en ocasiones irreversible.

Nunca me han gustado las tormentas, lo admito. Me muero de miedo cada vez que el cielo se ilumina con un relámpago. Me estremezco con cada trueno. Pero las tormentas tropicales del Bajo Lempa se están llevando la palma. Cada atardecer, después de un día soleado y con un calor insoportable, se nubla el cielo. Cuando oscurece, el perfil de los árboles en el horizonte se perfila cada pocos minutos. El cielo se ilumina como si de una sesión de fotos se tratara. Es precioso, pero acojona. Un rayo a pocos kilómetros y el estruendo más fuerte escuchado en años. Ayer sonó un trueno tan fuerte que cuando Carlos y Ceci aparecieron en la puerta preocupados por mi unos segundos después, yo estaba totalmente paralizada. Moti tampoco se salvó de un buen susto. Después de luchar mentalmente contra una cucaracha en el baño y ser rescatada por Abigail, mientras se duchaba tuvo que sobreponerse al miedo a morir electrocutada. Y es que el estruendo del trueno fue tal que Marta sufrió por si se electrocutaba entre cazo y cazo de agua fría. Suerte que llevaba sus zapatillas de goma con la flor azul. Creo que me estoy acostumbrando a las tormentas. O más me vale, pues aún me queda mes y medio de sesiones de hardcore nocturnas.

Los problemas de vestuario están empezando a salir a la luz. Nuestra colección de harapos está empezando a pasar a formar parte de la ropa sucia, y empiezan a quedar solo los conjuntos monos, que obviamente con botas de montaña o deportivas quedan un tanto peculiares. Creo que será necesaria una visita a Wall-Mart en breves.

Pero el momento del día ha sido nuestro desayuno con Don Yoyo. Yoyo es el lorito verde al que Claudia está enseñando a hablar. Pero es que ya le ha enseñado a comer en la mesa. Hoy durante el desayuno Yoyo nos ha deleitado con sus gráciles movimientos por la mesa, mientras ayudaba a Claudia a acabarse su bol de choco-crispies. Un auténtico espectáculo de pájaro.

Hemos presenciado una reunión con el comité de mora al más puro estilo juzgado americano. Un moroso que pretendía renegociar el plazo de pago, sentado en el “banquillo de los acusados”, siendo interrogado por todo el comité. Un tanto peculiar.

Finalmente una excursión a la gasolinera en busca de nuestra dosis vital de Twix. Una pickup de la policía que pasa a nuestro lado y nos dice “¿Pero ya las robarán?”, una respuesta entre risas “No hombre, no”. “Igual las vigilamos”. Cincuenta metros más adelante, supongo que cansados de conducir a nuestro ritmo se han ofrecido a acompañarnos en coche los 200 metros de camino que quedaban. Ya sabemos que pase lo que nos pase, en San Vicente siempre tendremos a la policía de nuestro lado.

Mañana ya volvemos a la civilización. Este fin de semana toca montaña. Misión: aprendernos de memoria los 14 volcanes del Salvador. Por ahora con Chaparrastique ya tenemos suficiente

Un abrazo desde Papiol muy remoto.

miércoles, 20 de julio de 2011

The show must go on!

Sonando en modo repeat en nuestro ordenador la banda sonora del anuncio de este año de Estrella Damm. 'I wish that I could see you soon...', una y otra vez. Supongo que una parte de nosotras relaciona estar en verano con el anuncio, mientras la otra parte echa un poco de menos aquello que hemos dejado en casa. Pero nuestra historia en el Bajo Lempa sigue sin pausa y con muchas risas.

Nos contaron una vez que cuando la temperatura ambiental es igual o superior a la corporal, los ventiladores dejan de tener efecto. Llevamos dos días en los que o se cumple aquello que nos dijeron o nos hemos vuelto insensibles a los ventiladores. Marta directamente ya ni conecta el suyo. Al menos hace un solazo que nos está dejando un bonito bronceado con solo sentarnos diez minutos en la puerta del comedor cada día, antes de comer.

Entre nuestra dieta y este calor, volveremos a España que ni Heidi Klum. Y es que una dieta basada en pollo a la plancha, ensalada, fruta y arroz, en cantidades dudosamente proporcionales a nuestro consumo habitual es probable que nos permita lucir cuerpazo dentro de dos semanas en Honduras. Suerte que tenemos una buena reserva de Skittles para asegurar nuestro culo salvadoreño.

Y recordar que siempre nos quedará una ducha a cazos de agua al llegar a casa. Pues el agua corriente en la Sabana puede utilizarse de 6 de la mañana a 6 de la tarde. Al menos, de este modo, ahora apreciaremos más el agua caliente que sale de nuestras duchas al llegar a Barcelona, como dice mi madre.

Pero eso sí, nunca nos perderemos en el camino desde nuestra habitación hasta el baño. Pues de noche las luciérnagas del jardín marcan la zona, como si de la pista principal del Prat se tratara. Y el loro al que Claudia (la pequeña de la casa) está enseñando a hablar, en cualquier momento soltará: “a medio metro, gire a la derecha”, como si fuese el GPS del coche.

Marta se ha apoderado de un Flit y ha fumigado toda la habitación. Esta mañana hemos pasado de estar en el Natural History Museum al Natural History Cemetery, pues la colección de bichos muertos en el suelo era considerable. Además, Moti ha desarrollado una gran capacidad de detección y aniquilación de mosquitos, lo que me preocupa teniendo en cuenta que ha dormido toda la noche a 10 centímetros de una araña (separada por la mosquitera, si no se muere, está claro). Creo que durante el transcurso de la noche puede haberla picado y de aquí sus nuevas habilidades Spider(wo)man.

Aunque con el afán en este país de atropellar animales, me preocupa la integridad de nuestra nueva chica arañita. Pues Carlos, por muy buen hombre que sea, nos ha confesado ser otro de los denominados “asesinos en serie” de animales. Incluso nos confesó haber pasado por encima de un perro con nosotras dentro del coche (pasando a ser plenamente cómplices de asesinato). Espero no tener que acabar defendiendo nuestra inocencia ante la WWF.

Se os echa de menos desde Papiol muy remoto.

martes, 19 de julio de 2011

ZOO en la Sábana

La Sábana. ¿Y qué íbamos a esperar con este nombre? La Sabána es como se denomina el conjunto de casas donde se encuentra la de Carlos, es decir: nuestro nuevo hogar.

Después de un día en el Playón, donde Jose nos desveló uno de los grandes enigmas que nos rodeaba: la cabra/chivo es cabra cabra, fuimos a nuestra nueva casa. Pero detengámonos un momento en Lola. Y es que ayer, creo que en parte a causa de ser solo dos en el Playón al abandonar a Clara y Adriana en Tecoluca, nos dedicamos a bautizar a algunos de los residentes de la cooperativa: Ariadna (segun Moti, nombre de modelo) es la perrita esquelética que nos persigue por toda la cooperativa ya que Marta se dedica a darle los huesos del pollo cada vez que acabamos de comer. Y Lola: la cabra, que creo que nos odia un poco... porque nos mirar raro cuando vamos a verla, estoy convencida que se pondrá a bailar un zapateado al más puro estilo flamenco en cualquier momento.


Una rara conversación con Mauricio y con Jose sobre gente que había muerto en el Bajo Lempa chamuscados por un rayo (ya van tres desde enero) que ha confirmado mi firme decisión de no salir de casa si hay tormenta por aquí, fue la guinda de un día de lo más insípido.

Pero nuestro nuevo hogar tiene delito. Yo ya no se si es que me estoy volviendo lempita (no se como deben denominar a los habitantes de aquí), pero creo que nada de lo que ocurra a mi alrededor va a alterarme. Aunque Marta lo está pasando un poco mal. Y es que una vez entras en casa, ver la colección del Natural History Museum de Londres en vivo y directo mires donde mires no creo que sea del agrado de demasiados. Escarabajos, mosquitos, arañas, cucarachas, polillas, hormigas,... de diferentes tamaños, colores y especies: un paraíso para un estudiante de ambientales o de biología, pero nunca para un par de niñas de Esade (por poco quisquillosas que seamos).

Mi periodo de adaptación ha sido realmente rápido: sin duda sobreviviré. Moti está trabajando en ello. Creo que ya le ha cogido cariño a su mosquitera (lo dije, todo era cuestión de roce). Pero no creo que a base de roce llegue a coger cariño a los bichos.

Es cuestión de tiempo que bauticemos también a toda la fauna con la que convivimos en casa. Os los presentaremos a todos, no sufráis. O cuestión de tiempo que Marta consiga una moto y se fugue a Nicaragua (atentos por allí). Pero sobreviviremos, siempre lo hacemos.

Un abrazo desde un Papiol cada día más parecido al zoo.

domingo, 17 de julio de 2011

Mauricio, el asesino en serie

Ya en San Salvador se ha tranquilizado todo un poco. Ducha caliente para sentar la cabeza. Tarde de viernes tranquila pintándonos las uñas, hablando por skype y comiendo oreos. Rutina perfecta para sentirnos como en casa. Por la noche copas y bailoteos con todos. Imprescindible para sentirnos en la civilización.

Pero el camino desde el Playón, pasando por Tecoluca donde Clara y Adriana se quedarán a partir de la semana que viene, fue de los momentos más divertidos del día. Creo que llevábamos días sin reír tanto.

Nuestro protagonista del día: Mauricio. Mauricio Orellana es nuestro jefe en Cordes y nuestro conductor personal en la ruta San Salvador – el Playón. Hasta el momento nos parecía un tipo peculiar. Siempre está de acuerdo con nosotras y parece no enterarse demasiado de lo que pasa a su alrededor. Pero la conversación de dos horas encima de la pick-up hasta San Salvador fue muy graciosa.

Una confesión por parte de Mauricio al explicarle que habíamos chafado un sapo de camino a casa: “Soy un asesino en serie” desencadenó una conversación de lo más surrealista. Después de decirnos haber matado un caballo, dos vacas y siete u ocho perros acabó confesando el crimen de dos búhos y un cerdo, también. Detalles de algunos de sus crímenes incluidos. Cuando mató al caballo, se le rompió el cristal, y el caballo se quedó encima del capó, medio dentro del coche. En el caso de las vacas, la pick-up se había quedado encima de las vacas. Marcha atrás y darse a la fuga para que el propietario no se enterase. La mejor historia, el cerdo. Volviendo de una reunión en otro pueblo, con un compañero de Cordes, mataron un cerdo. Lo pusieron en la parte trasera de la pick-up, y al llegar al playón se lo comieron. Surrealista, todo ello repitiendo constantemente: “Tengo un récord de matar animales. Soy un asesino en serie de animales”.

Además, de camino a San Salvador, por la carretera, te encuentras varios carteles con anuncios de Dios. Al preguntarle quien pagaba por esos carteles su respuesta nos dejó estupefactas: “Pues imagino que será Dios, ¿no?”. La gran historia del restaurante de su amigo, cuya especialidad son los perros y la gran respuesta a la frase “pues sino coges el bus” (coger en estas tierras tiene connotación sexual), que fue “si hayas por donde, ándale”.

Quedan muchos viajes al Bajo Lempa y Mauricio para rato, así que no os defraudaremos con sus historias.

Un beso desde Papiol civilizado.

viernes, 15 de julio de 2011

Octavio "Octavancio" y otros personajes

O nuestro alrededor se ha tranquilizado un poco o es que ya nos hemos acabado adaptando al entorno de forma extraordinaria. No ha habido cocodrilos ni tormentas tropicales en nuestra historia estas últimas horas, cosa que agradecemos.

Nuestros estudios sobre cabras/chivos se han visto ampliados a la discusión de sapo/rana y al sonido de copulación de la iguana. Os mantendremos informados de nuestros descubrimientos propios de estudiantes de ambientales.


Pero que nuestra historia esté evitando que nos coja un ataque al corazón (al ritmo que llevábamos, nos quedaban apenas 48 horas de vida), no significa que no tengamos cosas que contaros. ¡Al contrario! Pues en cuatro días en el Playón hemos tenido el gusto de conocer a grandes personalidades que nos encantaría presentaros. Es importante remarcar que la gente en El Salvador es muy amable, y que siempre están encantados de conocerte con una sonrisa en la cara. Entre todos los personajes que nos hemos cruzado podríamos destacar tres de ellos, cada uno con sus peculiaridades.

Carlos, el gerente del Roble, y a partir de la semana que viene nuestro casero (o eso creo). Es la persona más trabajadora del Salvador entero. Llega a la oficina a las 7h30 y hasta las 18h no sale. Puntual como pocos, se caracteriza por su humor particular. Y es que ya nos ha dejado algunas perlas, que nos tomamos a broma, hasta que serias le preguntamos “¿Pero de verdad?” y recibimos su respuesta “Sí, sí, de verdad”. Encontrar cocodrilos y mapaches en nuestras cabañas o empujar el autobús si se queda atascado en el barro. Pero los dos momentos estrella han tenido a Moti y a los perros como protagonistas. “Me he dado cuenta que no hay perros flacos, aquí”, respuesta de Carlos: “Claro, porque si no se los comen”. “Mi perro es el típico que se queda parado en medio de la carretera”, respuesta de Carlos: “Pues yo lo sacaba de en medio (atropellado)”. Siempre entre risas, ¡pero nuestra cara de “what?” es épica!

Por otro lado tenemos a José, apodado cariñosamente por nosotras como “Pepito Grillo”. Cuando Adriana le preguntó cúal era exactamente su trabajo él muy serio nos contestó: “Abrir y cerrar la puerta de El Roble”. Este hombrecito de 32 años, que admite aparentar 15, es el que supuestamente garantiza la seguridad de la microfinanciera. Cumplidor meticulosos de su trabajo, abre la puerta y saluda a cada individuo que decide cruzar la puerta con una gran sonrisa en la cara. Dos grandes momentos hemos vivido junto a él. Después de comentarnos que se iba a casa con su familia, Clara y Adriana le preguntaron si su familia significaba padres o hijos. Nunca hemos visto a un hombre más orgulloso al contestar: “Con mi mujer y mis hijos, que yo ya tengo familia” (acompañado del signo de victoria en su mano derecha). Pero la cara de susto que le dejamos cuando decidimos ir a la gasolinera a 300 metros de la cooperativa y al decirnos que no podía venir con nosotras porque tenía que quedarse vigilando la puerta nuestra respuesta fue “pues si no volvemos en 3 horas, le dices a Carlos que nos busque un poquito, por si nos han secuestrado” fue digna del APM?



Finalmente nuestra estrella de esta semana: Octavio “Octavancio” conocido en el mundo entero por su teoría de la capitalización. Octavio, el Nuñez del Salvador, complementado con mujer y dos hijos, es el dueño, gerente y chef del Hostal Bajo Lempa. Aunque sea nicaragüense, esto no lo exime de su locura. Conocido por la comunidad por su mala leche, dice ser querido por todos, y es que en el fondo creo que hasta nosotras le hemos cogido cariño.

Empecemos por la denominada “Teoría de la Capitalización”. Dicha teoría sostiene que para garantizar el buen servicio a sus clientes debe cobrar por adelantado dos meses de estancia a precio de oro. Pretendiendo cobrarnos 300$ al mes a cada una, cuando el precio a los cooperantes de Madrid con el mismo régimen era la mitad, Octavio pretendía convencernos de que nuestros platos (idénticos a los demás) costaban el doble. Podemos tener cara de ingenuas, pero tontas aún no somos. Y teniendo en cuenta que una cabaña al otro lado del río costaba 1 dólar al día y que comer en el Playón nos costaba 2$ por persona, con dos meses de estar en el Hostal Lempa Mar (recordemos: cabaña con mosquitera rota, que se moja si llueve, ducha de agua fría y sin cobertura con ninguna compañía), el año que viene Octavio hacía una remodelación que dejaba el hostal como un resort cinco estrellas.

Pero, ¿qué podemos esperar de un hombre que le habla de usted a su perro pero no cura al perro del vecino, o que hace la misma cara de Nuñez del Crakovia cuando le pedimos postres al acabar de cenar?

Peculiaridades de un país que nos sorprende cada día. De una zona a la cual nos vamos adaptando, y que cada día cogemos más cariño. Y es que todas ya hemos cambiado en el Facebook nuestra “current city” como el Playón/Tecoluca, El Salvador.

Ahora vamos hacia San Salvador a pasar el fin de semana. Ondina nos espera para que le contemos todo lo vivido y mimarnos como necesitamos. Nosotras esperamos un fin de semana con Harry Potter, fiesta y playa, ya que si sigue haciendo este buen tiempo será seguro un gran fin de semana.

Un beso desde Papiol remoto, pero hoy soleado!



jueves, 14 de julio de 2011

Por chafar un sapo, me llamaron matasapos.

Creo que nuestro grado de locura empieza a sobrepasar ciertos límites: estudiar una cabra durante quince minutos y tener una discusión con Moti para determinar el sexo de ésta en base de sus objetos colgantes, hablando en plata: ¿cojones o tetas? puede ser preocupante. Tampoco queremos preocuparos, pero un seguimiento de cerca de nuestros actos y algún aviso en caso de irregularidad serán bienvenidos.

Las últimas 24 horas han sido peculiarmente surrealistas. Después de comer una tormenta tropical cayó encima de nosotras. Si alguna vez Asterix y Obelix llegaron a tener miedo de que el cielo les cayera encima, es que no habían estado aquí. ¡Porque literalmente se nos cayó el cielo encima! Una de las paredes de la sala en la que estamos las cuatro trabajando se transformó miraculosamente en una cascada interior que encharcó toda la sala. Y con dos horas por delante de trabajo, y el cielo desplomándose encima del Bajo Lempa, nosotras solo podíamos pensar en nuestras maletas y sacos abandonados en las cabañas de mentira en las que vivimos. Visualizando el metro y medio de mosquitera (rota) que separa la pared del techo de nuestro cubículo 3x3, a través de la cual el viento debía estar arrastrando el temporal que estaba cayendo, llegamos a ver nuestras maletas colgadas con cangrejos azules de la litera. La realidad que nos encontramos no era tan distinta: las camas mojadas por la lluvia, pero sin cangrejos que hubiesen rescatado nuestras maletas.

Pero la real aventura del día no llegó hasta estar de camino a casa. Nos ponemos en situación: nuestro hostal se encuentra al final de una carretera de tierra, encharcada por la tormenta, llena de vacas y de locos en bicicleta. Carlos, el gerente del Roble, vive en la comunidad de la Sabana, a medio camino entre el Roble y nuestro hostal. Ayer, al llegar a su casa, Carlos se bajó del coche y me entregó las llaves. “Nos vemos mañana a las 7, chicas”. Embrague, primera, acelerar… y aquello empezó a moverse, sí: estaba conduciendo por una carreterucha del Bajo Lempa, al atardecer.

La media hora más extraña de mi vida. Indescriptible. En cualquier momento ese coche se iba a caer a trozos. Moti de copi, “derecha rrras”, limpiando con un trapo el cristal que se empañaba constantemente. Clara y Adriana detrás con una risa más nerviosa que de diversión, sufriendo por su integridad física. Siempre marcando 0km/h por mucho que pareciese que estábamos en un rally. Mario Bros lo tiene mil veces más fácil que nosotras en ese momento: ¡no paraba de encontrar obstáculos! Y cada vez era más oscuro. Una vez oscureció, las vacas se apoderaron del camino, y es que en esta zona, como los campos se inundan, los campesinos dejan sus vacas en medio del camino. No he tocado tanto el claxon ni cuando el Barça gana la Champions… ¡y es que las vacas del Bajo Lempa no se mueven ni así! Pedir perdón a una vaca (es que me miró realmente mal después de llamarla capulla!) o estar a punto de quedarnos atascadas en un arcén para poder pasar fueron la culminación de una gran tarde. Eso sí, los sapos no se salvaron de ser atropellados en masa... sin querer, en serio!

Y al llegar a casa, muertas de miedo de abrir la puerta de la cabaña, y como en los dibujos animados, sepultarnos en una catarata de agua, la sorpresa fue encontrar solo las camas y la mesita de noche mojadas.

Después, una ducha en agua fría realmente necesaria, cena en el porche Port Aventura y a dormir en nuestra estimada mosquitera (supongo que con el roce, le acabaremos cogiendo el cariño).

Hoy nos hemos levantado con un día despejado. Aunque no sé lo que nos espera, ya que cada día supera al anterior, y a este paso el blog se quedará corto y procederemos a escribir una novela entera.

Solo mencionar que hoy es el aniversario de nuestro “queridísimo” amo de llaves: Octavio “Octavancio” el de la teoría de la capitalización, al cual le dedicaremos una entrada entera una vez nos deje de sorprender, ya que realmente se la merece.

Un beso desde Papiol cada día más remoto.

miércoles, 13 de julio de 2011

Callejeros Viajeros en el Bajo Lempa

Ahora sí que soy del todo conscientes que estamos aquí. Hemos caído de golpe en el capítulo estrella de Callejeros Viajeros en el Bajo Lempa.

Ayer por la mañana llegamos al Playón, después de 1h de viaje en pick-up desde San Salvador, zona de Cordes donde se encuentran varias cooperativas, entre las que hay El Roble: microfinanciera donde se basará nuestro proyecto. Después de conocer todas las cooperativas del Playón guiadas por Carlos, gerente del Roble, y de una reunión con el comité de educación nos fuimos hacia “casa”. Aquí es donde empieza nuestro episodio de Callejeros Viajeros.

Cuarenta minutos en 4x4 por un camino de tierra escenario del contraste de belleza y pobreza visto en mucho tiempo. Cada minuto era una sorpresa. Esquivar vacas paradas en medio del camino, niños en uniforme volviendo de la escuela, chavolas de chapa, niños a lomo de caballos sin ensillar, bicicletas de chatarra, cerdos en medio de la carretera,… Parece que a nadie le preocupa demasiado que empiece a llover y se llene de barro todo. Y es que si en Barcelona empieza a llover todos empezamos a correr para resguardarnos. Aquí todo sigue su transcurso… y no es precisamente llovizna lo que cae! Era como ser espectadoras de un documental de la 2 un sábado por la tarde a través de la ventana del coche.

Pero nuestra cara al llegar al Hostal Lempa Mar debió ser digna de enmarcar. Un porche de paja como los de Indonesia en Port Aventura es el comedor-sala central del Hostal. Cinco cabañas esparcidas por un campo plagado de sapos, ranas, iguanas y BNI (bichos no identificados). El rio Lempa a 5 metros y la ducha de agua fría a 7 sapos de nuestra cabaña (es el mínimo de sapos a pisar para llegar).


En realidad tiene su encanto, no lo negaremos. Es un sitio gracioso si estás de viaje y quieres pasar tres días remotos en el Bajo Lempa (o si has cometido cualquier fraude y quieres esconderte por vida). Pero no tener cobertura de móvil, despertarte con la orquestra sinfónica de pájaros a las 5h30, luchas feroces contra los mosquitos y zancudos, y tener que desenredarte de la mosquitera como si de una telaraña se tratara para salir de la cama… Y todo esto a 1h30 de viaje en bus que amenaza pararse en medio del camino embarrado y tener que bajar a empujar… al menos en Pequín Express salen en la tele! Suerte que estamos las cuatro para reírnos juntas de la situación.

Pero lo que de verdad nos hace tirar hacia delante es el proyecto. Realizar un estudio de mercado para reducir la morosidad y potenciar el ahorro en la zona. Queda mucho trabajo, pero todo el mundo está muy dispuesto a ayudarnos y son realmente muy amables. En cuanto a Clara y Adri, les han canviado su proyecto y ahora parece que están más motivadas.

Además parece que al final de esta semana podremos solucionar el tema de alojamiento y evitar volver a Barcelona con un cocodrilo del Lempa bajo el brazo.

Seguiremos explicando nuestras hazañas de Callejeros Viajeros desde Papiol remoto.

Un abrazo!